Junto con su pareja, se mudó a una pequeña vivienda llamada “granny pod”, construida en el patio trasero de su hija.
Para muchas personas, una decisión así puede parecer poco común, pero para esta familia fue la solución perfecta.

La hija tenía suficiente espacio detrás de su casa, y la relación entre madre e hija era muy cercana.

Antes de comenzar el proyecto, todos querían asegurarse de que el esposo de la hija también estuviera de acuerdo.

Después de tomar la decisión juntos, la familia contactó a un arquitecto.

Así se creó una casa pequeña, pero muy bien diseñada, con todo lo necesario para vivir cómodamente.“

Aunque la vivienda no es grande, tiene un dormitorio, una sala de estar, una cocina e incluso dos baños.
El interior se ve luminoso, ordenado y moderno.

Para Meredith y su pareja, la mudanza al principio fue un gran cambio.

Tuvieron que desprenderse de muchas cosas y aprender a vivir con menos pertenencias.

Pero al final comprendieron que tener menos espacio no significa tener una peor calidad de vida.
Al contrario, esta casa más pequeña les dio más libertad y una mayor cercanía con la familia.

Lo más bonito era que Meredith pronto iba a convertirse en abuela.
Así podía vivir cerca de su hija y ayudarla en la vida diaria.
Este tipo de vivienda se está volviendo cada vez más popular entre las personas mayores.
Muchos jubilados buscan una alternativa más económica, más sencilla y más familiar que una casa grande.
El ejemplo de Meredith demuestra que un hogar más pequeño también puede abrir un capítulo nuevo y más feliz en la vida.



