Tras un grave accidente en 2013, causado por un conductor ebrio, Robert Chelsea se enfrentó durante años a desafíos médicos y deseaba un trasplante facial que coincidiera con su tono de piel.
Hoy, el hombre de 68 años ha superado con éxito este procedimiento pionero y es el primer hombre afroamericano en recibir un trasplante completo de rostro.

Su recuperación avanza de manera constante.
Chelsea estuvo un año y medio en la lista de espera para un trasplante.
En mayo de 2018 le ofrecieron un rostro de donante, pero el tono de piel era notablemente más claro que el suyo, lo que lo hizo dudar.
En una entrevista con *TIME*, expresó su preocupación por verse de repente “completamente diferente”.
El accidente le dejó graves lesiones faciales y requirió más de treinta operaciones.
Aun así, los médicos no pudieron reconstruirle los labios, parte de la nariz ni la oreja izquierda.
Comer y beber era especialmente difícil, porque tenía que inclinar la cabeza hacia atrás para evitar que la comida o los líquidos se le derramaran.
La búsqueda de un donante adecuado resultó ser un gran desafío.
En 2015, solo el 17 % de los pacientes afroamericanos que necesitaban un órgano encontraron un donante compatible, en comparación con el 30 % de los pacientes blancos.
Esto pone de manifiesto la escasez de donantes de órganos negros.
Alexandra Glazier, directora ejecutiva de New England Donor Services, destacó que el tono de piel —especialmente en los trasplantes faciales— puede ser tan decisivo como la compatibilidad de los órganos internos.
Finalmente, Chelsea encontró un donante adecuado: un hombre de 62 años con un tono de piel muy similar.
Tras la muerte del donante, en julio de 2019 se realizó una operación de 16 horas en el Brigham and Women’s Hospital de Boston.
Participaron más de 45 profesionales médicos y le dieron a Chelsea un nuevo rostro con éxito.
Se convirtió en la decimoquinta persona en Estados Unidos en recibir un trasplante completo de rostro.
Apenas diez días después de la operación, Chelsea ya podía comer, hablar y respirar por sí mismo.
Hoy, a través de su organización sin fines de lucro *Donor’s Dream*, trabaja para concienciar sobre la donación de órganos.
Al recordar su camino, dijo: “Esta experiencia fue un viaje increíble lleno de desafíos.
El apoyo de mi familia, del equipo médico y mi fe me sostuvieron durante la recuperación, y hoy estoy inmensamente feliz de estar en el camino de la sanación”.
Chelsea sigue recibiendo cuidados de seguimiento, pero está logrando avances notables y da esperanza a pacientes y familias de todo el mundo.



